La mañana del domingo 19 de septiembre de 2021, dos agentes policiales respondieron a una denuncia de crimen múltiple en una vivienda de Killamarsh, localidad del condado británico de Derbyshire. Lo que encontraron superó toda expectativa y horror.

Damien Bendall, de 32 años y autor de la masacre familiar que él mismo denunció, los esperaba en la puerta. Ante la pregunta de los oficiales sobre el motivo de su presencia, respondió: «Porque maté a cuatro personas». Toda la escalofriante escena quedó registrada por las cámaras corporales de los policías.
Al ingresar, hallaron los cuerpos de las cuatro víctimas: Terri Harris, de 35 años, pareja de Bendall; sus dos hijos, John-Paul Bennett, de 13, y Lacey Bennett, de 11; y Connie Gent, de 11, amiga de los niños que se había quedado a dormir esa noche. Bendall comentó segundos antes de ser arrestado: «Apuesto a que no es común encontrar cuatro asesinatos en Killamarsh, ¿verdad? Quiero decir cinco, porque mi novia estaba a punto de dar a luz».
El caso conmocionó al país. Los vecinos del barrio residencial depositaron flores en la casa, mientras Jason Bennett, padre de John-Paul y Lacey, permanecía en la vereda desconsolado y en shock. En el juicio se confirmó que Harris estaba embarazada y que había iniciado una relación con Bendall, exluchador de artes marciales, tras separarse del padre de sus hijos.
El sábado 18 de septiembre, Harris publicó en Facebook videos del fin de semana junto a sus hijos. Los tres niños habían organizado una venta de dulces frente a la casa para recaudar fondos para la organización Cancer Research, tras enterarse de que una vecina había sido diagnosticada con cáncer. En las imágenes, los menores aparecen sonrientes, sin indicios de lo que ocurriría horas después.
Según la reconstrucción oficial, la violencia comenzó a las 21:40, cuando Bendall comenzó a recorrer la vivienda armado con un martillo de garra, golpeando fatalmente a su pareja en su habitación, luego a John-Paul en el baño, seguido por Connie y finalmente a Lacey en el salón principal. Todos fallecieron por las lesiones sufridas.
El detective inspector Mark Shaw declaró que «el nivel de fuerza y violencia utilizado demuestra una intención clara: terminar con la vida de Terri, John-Paul, Lacey y Connie». Añadió que Bendall traicionó la confianza de las víctimas, quienes confiaban en él plenamente, y que la intensidad del ataque les impidió defenderse.
Tras cometer los crímenes, Bendall limpió parcialmente la escena, se llevó la consola Xbox de John-Paul, salió de la casa y tomó un taxi hacia Sheffield, donde intercambió la consola por drogas; luego volvió a la vivienda en Killamarsh. Según el taxista, durante el trayecto Bendall comentó: «Bastante bien, solo un poco loca».
Al amanecer, llamó a las autoridades y se declaró responsable. Informó que estaba bajo los efectos de cocaína y cannabis, y que se había autolesionado con un cuchillo tras asumir lo cometido. Fue trasladado al hospital para suturar las heridas en el pecho. Los informes forenses confirmaron la brutalidad de los ataques y evidenciaron lesiones defensivas en la mayoría de las víctimas, incluyendo signos de abuso sexual en Lacey, dato revelado por el juez Mr. Justice Sweeney durante la sentencia.
El juez dictó cinco cadenas perpetuas sin posibilidad de libertad condicional. Bendall se declaró culpable de cuatro cargos de homicidio involuntario. Su abogada defensora reconoció que no había justificación para otra condena que no fuera la cadena perpetua por el terrible crimen.
Durante la audiencia, los familiares expresaron su dolor. Angela Smith, madre de Harris y abuela de los niños, dijo: «Terri, Lacey y John significaban todo para mí; no poder abrazarlos ni decirles que los quiero me rompe el corazón». Jason Bennett agregó: «Vivo una pesadilla constante; repaso una y otra vez cómo murieron… es un castigo recurrente». Charles Gent, padre de Connie, calificó a Bendall como “verdaderamente malvado” y aseguró que nunca debería salir de prisión.
Bendall admitió ante el tribunal: «Usé un martillo, no me di cuenta de lo que hice hasta que vi a mi novia; los maté, no sé por qué. Me desconecté, fue como si estuviera fuera de mi cuerpo, viéndome desde afuera». El juez concluyó que Bendall pasará el resto de su vida en prisión, asegurando que no podrá causar más daño.
En el momento de los hechos, Bendall estaba bajo arresto domiciliario por una sentencia suspendida, con un extenso historial criminal desde los 15 años, incluyendo condenas por robo, intento de robo y lesiones graves. En mayo de 2020 fue arrestado por provocar un incendio en un intento de robo de un auto. En 2021 recibió una condena suspendida de 17 meses y debía cumplir vigilancia electrónica y reportarse periódicamente.
Por orden judicial, Bendall vivía con Harris y sus hijos, considerado “riesgo medio” en una evaluación deficiente que omitió antecedentes fundamentales, como su historial violento y comportamiento con menores. La supervisión estuvo a cargo de un oficial con escasa experiencia que declaró que, con toda la información, no habría autorizado esa convivencia.
Previo a los asesinatos, una oficial del monitoreo electrónico declaró en el juicio que Bendall le advirtió: “Si mi relación con Harris sale mal, mataré a ella y a
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